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Cuando el Alzheimer tocó nuestra puerta...



Cuando aún estaba en la carrera recuerdo que empezamos a estudiar algunos cuestionarios que servían para detectar la demencia. Yo tenía a mi tío abuelo que a veces se le olvidaba alguna tontería y, como no tenía nada que perder, le dije de hacerle el test y resultó que sus resultados decían que tenía principio de demencia.

La verdad que no esperaba que fuese positivo pues en verdad tampoco lo parecía pero con la puntuación que había obtenido les dije a mis tíos que fueran a un neurólogo para que confirmara el diagnóstico y efectivamente tenía Alzheimer... Cuando mi tía me lo dijo vi la sombra de la preocupación en sus ojos pero me abrazó y me dio las gracias pues la neuróloga le dijo que rara vez se detectaba tan pronto y eso iba a ayudar a que la medicación funcionase mucho mejor! Fue mi primer diagnóstico y el saber que había sido de ayuda para que mi tío pudiese tratarse y los síntomas no lo arrastrasen tan pronto al mundo del olvido fue algo que me llenó enormemente...


Pasó el tiempo y nadie se percató de ningún cambio en su comportamiento, seguía siendo el mismo de siempre y eso era todo un regalo! Cualquiera diría que la medicación no le hacía falta hasta un día que lo ingresaron en el hospital...


Llegué a la habitación y lo vi en la cama enroscando en el aire los bajos de un coche imaginario (trabajó toda la vida en un taller de coches) y, aunque a mí me reconoció, no reconoció a mi marido... y ahí mi corazón se encogió... Rápidamente fui al control de enfermería pues intuía que no le habían dado la medicación de la neuróloga y, efectivamente, desde que había ingresado se la habían quitado porque no lo habían visto tan mal... No sabéis la rabia que me inundó pues le habían quitado algo tan preciado como sus recuerdos... Fue volver a darle la medicación y volvía a ser mi tío de siempre...y que alegría daba verlo volver a sonreír y hablar de los momentos que habíamos vivido y como se le iluminaba la mirada recordándolos...


Aunque al final el Alzheimer acabó haciéndose notar (pero por suerte nunca llegó al punto de olvidarnos) gracias al diagnóstico precoz pudimos robarle unos años a la enfermedad para disfrutar de todo lo que habíamos vivido y formar nuevos recuerdos...


El 21 de septiembre fue el día mundial del Alzheimer y desde aquí sólo quería compartir con vosotros mi experiencia para hacer hincapié en lo importantísimo que es el diagnóstico precoz pero para ello es necesario que desde las administraciones se siga invirtiendo en investigación y se hagan campañas de concienciación a la población para que todos podamos estar atentos a la mínima señal y así iniciar el tratamiento lo más pronto posible.


Nos queda mucho por aprender de esta enfermedad, se necesitan muchos más profesionales en el ámbito sanitario para poder tratar a nuestros mayores cómo se merecen y esperemos que llegue el día en que podamos decir que la hemos vencido...

Mientras tanto sigamos disfrutando y valorando a nuestros abuelos y protegiendo algo tan preciado como es su memoria...


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